martes, 13 de agosto de 2013

¡Jacinta, todo recto!-2

historias de Jacinta


Esa mañana Jacinta llegaba muy cansada, había tenido una mañana ajetreada pues esperaba visita en casa y había salido a hacer la compra muy temprano. 
A su edad las cosas se toman con mucha más calma que de joven y ella lo tenía todo preparado con mucha antelación. Sin embargo, siempre falta algo a última hora. Había salido de casa nerviosa y algo alterada y ahora de vuelta, se sentía fatigada, así que decidió parar un rato en el parque. Se sentó en uno de los bancos tranquilamente viendo a la gente pasar.
Le divertía mirar a la gente porque esto siempre le traía historias a la cabeza, recuerdos de vivencias pasadas o contadas…

El Sol calentaba pues ya era mediodía pero ella estaba muy a gusto. Con el paso de los años se había ido debilitando aquella gran Energía que ella tenía y que le mantenía la temperatura corporal a raya. Ahora solía sentir más frío, así que este agradable Sol, lo aguantaba perfectamente.

Se encontraba disfrutando del momento cuando se le acercaron unos turistas. Se sobresaltó un poco porque inmersa en sus pensamientos no los había visto acercarse, querían saber qué dirección debían tomar para ir hacia el centro del pueblo.
Ella se puso de pie con esa gracilidad que su avanzada edad le permitía y empezó a explicarles:

- Claro que os voy a explicar por dónde se va. Mirad, -y empezó a señalar con el dedo como si de la estatua de Colón se tratase- ¿veis aquella tienda de ultramarinos? Tenéis que coger esa misma calle y seguir todo recto. Cuando lleguéis a la rotonda, todo recto, llegaréis a la plaza del pueblo. 

Justamente en este punto de la explicación llegó Karmentxu y preguntó si podía ayudar. Jacinta le explicó que los jóvenes querían ir al centro del pueblo y ella estaba intentando explicarles. Karmentxu tomó las riendas de la explicación y los turistas se dirigieron a su destino.

Cuando Karmentxu se giró, Jacinta se estaba riendo, al parecer había recordado alguna de tantas historias que le venían a la cabeza y se estaba riendo a gusto.
Siempre que podía, Karmentxu solía acercarse a Jacinta para conversar un rato con ella, pues era una mujer muy alegre y entretenida.
Dejó que la historia de Jacinta tomase forma en su cabeza y ella misma la disfrutase recordándola antes de contársela, pues era seguro que se la contaría…

Al fin Jacinta se tranquilizó un poco y miró a  Karmentxu con esa cara de pícara que sabía poner. Karmentxu sonrío: 
- ¿Te has acordado de algo gracioso?
- Si, -le respondió Jacinta- Al intentar responder a estos turistas sobre cómo ir al centro del pueblo, he de reconocer que no me ha resultado muy fácil. Y voy todos los días al centro desde hace muchísimos años.

Karmentxu, escuchaba con atención pues lo que Jacinta iba a contar podía ser muy serio o no… ¿Qué podía ser tan gracioso en ese acto que Jacinta explicaba? Al ver Jacinta la cara de indignación de Karmentxu, volvió a reirse con ganas y al ver que Karmentxu esperaba su historia comenzó:

- Hace… muchos años fui con mi primo Ambrosio, el cuñado de Dolores la de las telas del Boulevard…

Karmentxu asentía como si los conociera pero en realidad no conocía a mucha gente que Jacinta citaba, pero la historia debía continuar…

- El tenía coche, yo era su prima favorita y solía llevarme de excursión muchas veces. Me preguntó si conocía el Santuario de Loyola y como le dije que no, quedamos un día y fuimos de excursión. Le pregunté si sabía ir y me dijo que no, pero así era él, un aventurero. 
Salimos temprano de Donosti y como llegamos pronto, nos dio tiempo a visitar el Santuario y sus alrededores.

historias de jacinta. coche de ambrosio


Mi primo tenía allí amigos, nos invitaron a comer y pasamos con ellos la tarde. Al marcharnos nos recomendaron seguir al pueblo de al lado donde vivía un tal Perico que todos conocían y que se había casado con una chica de allí. Mi primo hacía muchos años que no veía a Perico y le hizo ilusión la posibilidad de volver a verlo.

De nuevo en el flamante coche nos dirigimos hacia el otro pueblo. No teníamos ni idea de dónde vivía Perico, solo que tenía una carnicería en la plaza del pueblo, pero tampoco sabíamos dónde estaba dicha carnicería.
Al pueblo llegamos enseguida, estaba muy cerca, pero cuando entramos allí, todas las calles nos  parecieron iguales y no acertamos a llegar a la plaza, así que dejamos el coche aparcado y decidimos ir andando. 

Estaba anocheciendo y pensamos que tal vez la carnicería estaría cerrada pero era la única referencia que teníamos. Preguntamos a un chico dónde se encontraba la Plaza del pueblo. El chico levantó la cabeza pensando cómo nos podría explicar y con solemnidad nos empezó a indicar:

- Mirad, -y empezó a señalar con el dedo- vais todo recto por esta calle y veréis una casa con una ventana rota; a la izquierda no, cogéis la derecha y seguid todo recto.

Le hicimos caso, nos dirigimos hacia la casa de la ventana rota…, pero a nosotros no nos apareció una casa con esa característica, así que cuando creímos oportuno giramos a la derecha y seguimos… y nos salimos del pueblo. Volvimos sobre nuestros pasos y volvimos a preguntar a un señor de más edad que muy amablemente nos indicó:

- ¡Pero si os habéis salido del pueblo! - lo dijo tan serio que parecía una reprimenda - Es muy fácil - dijo señalando con el dedo… - seguid todo recto y veréis una fuente, allí girad a la izquierda y cuando os encontréis una casa con una ventana rota, cogéis la derecha y seguid todo recto.

Le dimos las gracias y mientras caminábamos nos miramos haciendo un gesto de sorpresa. 
Me dice Ambrosio: - ¿Pero qué pasa, aquí todo es seguir recto?

Ya había anochecido por lo que era más complicado encontrar alguien por la calle y orientarnos. Hicimos lo que el señor nos había indicado pero nosotros no vimos ninguna casa con la ventana rota… Ahora sí que estábamos totalmente desorientados, menos mal que nos encontramos con una cuadrilla de jóvenes que llegaban un poco "txispas". Les preguntamos de nuevo por la Plaza del pueblo… y ellos con esa gracia que les daba el "vinito" nos hicieron una reverencia y con aire teatral nos señalaron un camino que tenían a su derecha y al unísono nos dijeron:  
- ¡Todo recto!

historias de jacinta. el pueblo de Perico


Por fin llegamos a la Plaza y allí se encontraba la carnicería, cerrada. 
No había nadie en la Plaza para preguntar, así que nos acercamos más a la carnicería para mirar a través del cristal por si veíamos alguna luz… Y allí estábamos los dos con la cabeza pegada al cristal mirando, tan concentrados que no oímos que alguien se acercaba y nos sobresaltó cuando nos dijo:

- ¿Os puedo ayudar en algo?

Dimos tal salto que el hombre empezó a reír a carcajadas y Ambrosio no tuvo dudas, esa forma de reír… ¡era Perico!
Después de las presentaciones y abrazos, nos llevó a su casa y nos invitó a cenar.
Cuando llegó la hora de coger el coche, nos acompañó él, que ya sabía dónde teníamos el coche pues se había corrido la voz por el pueblo de que había dos extranjeros perdidos…

Nos indicó el camino para salir del pueblo y regresar a casa… Puedo asegurar que además de el dedo señalando hacia delante, utilizó varios "y seguid todo recto" que ya sabíamos que no serían tan rectos…

Cuando Jacinta acabó esta historia se echó a reír de nuevo y me dijo:

-Y yo, acabo de hacer lo mismo con esos turistas, les he señalado con el dedo como si tuvieran que ver el punto que les señalo y también les he dicho varias veces que sigan todo recto…

Y miró a Karmentxu que sonreía con la historia de Jacinta.


- Jacinta, ¿qué te parece si emprendemos dirección a casa, todo recto, cuesta arriba?

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