martes, 27 de agosto de 2013

Jacinta va al monte-3

historias de Jacinta


Salía Jacinta, como cada día a la compra. Estaba contenta porque a sus 80 años recién cumplidos era capaz de valerse por sí sola y se encontraba bien.
La casa en la que vivía era grande, un edificio construido en 1930. Lo mandó construir su padre antes de casarse con su madre. Jacinta fue la única hija que tuvieron y nació en ella. Un edificio hecho a la antigua, con bases sólidas y paredes anchas.

Esa mañana lucía el Sol y hacía una temperatura extraordinaria. Jacinta se vistió con uno de sus elegantes trajes de verano. Este era de color marfil, a juego con sus zapatos, bolso y sombrero. Siempre vestía muy elegante.

Así de radiante salía de casa y algo presurosa pues esta vez también quería coincidir con Karmentxu con la que solía pasar momentos muy agradables, charlando de todo un poco.

Por su parte Karmentxu, en ese preciso momento, salía de la Villa en la que vivía con sus padres y hermanos. Antes de iniciar su camino miró hacia la calle que llevaba a la casa de Jacinta. No la vió pero decidió esperar un poco  pues esta era la hora en la que aparecería toda elegante como todos los días. Efectivamente, por ahí se acercaba Jacinta, erguida y con paso corto para no perder el equilibrio, elegante y sonriente…

Después de las típicas palabras de saludo, hablar del tiempo y de la última noticia escuchada en la radio, Jacinta estaba enfrascada en una de sus historias que Karmentxu esperaba con interés. Muchas veces se preguntaba Karmentxu si todas esas historias serían realmente ciertas, puras invenciones o un poco mezcla de ambas… La cuestión era que le divertían mucho y de ellas siempre aprendía algo nuevo.

Decía Jacinta:

"… yo me llevaba muy bien con mi primo Ambrosio, desde muy pequeños fuimos como hermanos y al vivir muy cerca solíamos estar juntos casi todos los días. 
Un domingo, como tantos, íbamos a pasar el día en el monte donde nos reuiniríamos varias familias. 
No sé a qué horas se habría levantado mi ama para ello pero por la comida preparada debía de ser muy temprano.

historias de jacinta. monte


Estábamos ya a punto, cuando llamó a la puerta Ambrosio, alegre y dispuesto a cargar con lo que fuese.
Mi ama repartió lo que cada uno tenía que llevar y todos salimos felices.
Mi primo Ambrosio y yo éramos los encargados de llevar la enorme cazuela.
Mi aita llevaba varias botellas de vino y sidra. Mi ama un enorme cesto con otras viandas y mucho pan.

No siempre íbamos al mismo monte y esta vez teníamos que coger el tren para llegar al pueblo de al lado para empezar a subir al destino escogido. El tren tardó 20 minutos en llegar a destino y en la estación nos estaba esperando Josetxo. 
Al salir de la estación había un carro (gurdia) tirado por un caballo. Los cuatro estábamos boquiabiertos al ver aquello. Nosotros, tan de ciudad, íbamos a subir por primera vez en un carro como este. La gurdia estaba toda cargada de viandas y botellas.

historias de jacinta. gurdia


Josetxo nos explicó que el resto de las familias nos esperaban al inicio de senda, que en el carro estaban los bártulos de todos y que al ser nosotros los que llegábamos de más lejos iríamos en la gurdia hasta allí.

Colocamos nuestros enseres como pudimos y nos sentamos, como pudimos también en unos pequeños asientos."

En este punto de la historia, Jacinta se detuvo para reír a carcajadas,
Karmentxu contagiada empezó a reír también pero
se dio cuenta de que Jacinta reía por algo que
todavía no había contado y estaba recordando.
Continuó diciendo:

"He de reconocer que el viaje, que duró un cuarto de hora, se nos hizo eterno pues nunca habíamos viajado en un carro semejante.

Karmentxu, tú ya has visto gurdias en la "Jira Vasca" y te haces a la idea de cómo eran. Aquello se movía tanto que parecía que todo iba a salir disparado y nosotros también. Mi primo y yo, niños de 13 y 14 años, nos divertíamos mucho de los continuos vaivenes y saltos que daba la gurdia, sin embargo, mi ama y aita estuvieron muy pesarosos los días siguientes…"

Jacinta reía a carcajadas recordando los movimientos
que iban haciendo dentro de la guardia y para expresarlos mejor,
se paraba para escenificarlos con gracia, pues a pesar de sus 80 años
era vital, salerosa y ágil.
A Karmentxu no le quedaba otro remedio que reír también. 

Continuaba Jacinta:

"Después del trayecto y unas buenas carcajadas con mi primo llegamos al punto donde el resto de familias nos esperaban. El dueño de la gurdia empezó a repartir a cada uno lo suyo. Allí nadie se libró de ir bien cargado con lo que le correspondía.
Después de los saludos y abrazos entre familiares y amigos, emprendimos nuestra marcha."

En este punto Jacinta detuvo la historia  y mirándome fijamente me dijo:

" Karmentxu, por aquella época solíamos ir al monte como mulas..."

Se rió a carcajadas y continuo con la historia:

"Mi primo y yo llevábamos la gran cazuela con el guiso de carne que iba a ser el plato estrella. El compás de nuestros pasos era perfecto pues en ningún momento tropezamos ni nos detuvimos. Todos íbamos contentos por pasar un día en el monte entre amigos y los niños correteaban arriba y abajo como si fueran cabritillas.

Se decidió que cada hora descansáramos  para tomar algún refrigerio y ya tocaba el primero. Uno de los mozos del grupo se acercó hacia mi para preguntarme si quería relevo para llevar la cazuela. Le respondí que no hacía falta. Y al insistir el mozo, mi primo, molesto pero con buenas palabras le respondió que yo tenía tanta fuerza y aguante que cualquiera de los mozos. El chico se marchó algo cabizbajo.

Nuestras paradas de refrigerio eran toda una fiesta en las que rápidamente se sacaban pan, embutidos y sidra y convidábamos a todo el que pasaba.
De estos llegamos a hacer tres, así que para cuando llegamos a nuestro destino todo el mundo estaba muy alegre entre cánticos e irrintzis...
Ambrosio y yo solo bebíamos agua con lo que la integridad de la cazuela estaba asegurada - decía Jacinta riéndose -

A medida que nos acercábamos a nuestro destino, vimos un grupo de gente que estaba colocando mesas y sillas que sacaban de un caserío que había al lado.  Ambrosio y yo nos miramos con cara de extrañeza y antes de que preguntáramos mi ama nos contó que aquel caserío era de la tía Rufina y que todos aquellos chicos eran sus hijos.

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Para cuándo llegamos, todas las mesas y sillas estaban preparadas. Los porteadores de las bebidas las metieron bajo una pequeña cascada de la cual bajaba abundante agua muy fresca. La comida se puso a la sombra y todos nos sentamos o tumbamos a descansar hasta la hora de comer. Al poco rato los mayores empezaron a beber sidra fresca-fresca y los jóvenes y niños empezamos a jugar y corretear.

El lugar era precioso, el caserío estaba en lo alto de una loma, rodeado de montañas. Si mirabas al Este veías una larga cadena montañosa y si mirabas al Norte se vislumbraba el mar a lo lejos. El cielo estaba limpio y muy azul con lo que se podía ver hasta muy lejos en el horizonte.

Mi primo y yo subimos a lo alto de un promontorio y allí, girando sobre nosotros mismos podíamos ver toda aquella hermosura.

Nos llamaron a comer y todos los jóvenes y niños que jugábamos desperdigados fuimos corriendo a la cascada a lavarnos las manos.

Sobre la mesa había toda clase de viandas y bebidas y el guiso repartido en los platos y con el hambre que teníamos los jóvenes, lo fuimos devorando todo.

Después de la comilona, la tía Rufina sacó mantas y sábanas que desperdigó por el suelo para que la gente se tumbara a gusto para dormitar. El sol apretaba por lo que todas las sombras estaban solicitadas por nosotros y el por el abundante ganado que pastaba por allí.

historias de jacinta. behiak


Al poco rato, Ambrosio y yo nos aburríamos de estar quietos sin hacer nada. Así que le dijimos a mi ama que nos íbamos de excursión a curiosear y en silencio…

De pronto Jacinta detuvo su historia y con cara de susto le dijo a Karmentxu:

- "Karmentxu, ¿sabes la hora que es?"

Se habían sentado instintivamente en un banco del parque,
mientras Jacinta contaba la historia y
desde allí se veía el reloj que había en la calle.

historias de jacinta. reloj calle


Karmentxu levantó la cabeza para mirar y de un salto se puso de pie nerviosa.

- "Me tengo que ir Jacinta" -le dijo- pero sin falta mañana me sigues contando.

Y mientras se marchaba presurosa oyó decir a Jacinta:
 - "Mañana te contaré cómo conocimos a Bartolo"

Karmentxu se giró para responderle y pudo ver cómo Jacinta se reía plenamente. 
¿Quién sería Bartolo?

(Continuará... ;-D)

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(foto del caserío tomada prestada de: http-//bertan.gipuzkoakultura.net/ y la del reloj de google)
continúa en: Jacinta y Bartolo



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